TIEMPOS DE GUERRA
Mañana, pequeño,
cuando florezcas tímidamente
a la vida, tendremos, según los sicólogos,
que empezar a familiarizarte con la muerte.
Es la orden del día en un mundo alucinado
que ha sacrificado la paz en aras de la guerra,
ese jinete ciego del Apocalipsis moderno.
Tal vez el aprendizaje llegue sutilmente,
con alguna canción inofensiva que diga:
"yo soy la pájara pinta, viuda del pájaro cantor,
mi marido era muy alegre, y un cazador me lo mató".
O descienda de pronto desde el cielo estrellado,
cuando cabalgas
en un camello o en un burro
por desiertos o montañas, mientras los infernales
cóndores de guerra
agitan sus garras aceradas
para lanzar bombas incendiarias sobre Irak,
Afganistán, Colombia, u otro país indefenso,
pues los infames mercaderes de la guerra
borraron para siempre todas las fronteras.
O te espere agazapada entre las violetas silvestres
mientras caminas
por una apacible vereda campesina
sembradas de minas explosivas
capaces de cercenar
tus piernas
al mismo tiempo que tus sueños.
Es la guerra, pequeño, que se extiende
como un camaleón prehistórico por todos
los confines del planeta,
pisoteando sin piedad
los sueños y esperanzas del género humano,
y destruyendo tu futuro antes de que puedas
siquiera asomarte a la vida.
Y porque este jinete del Apocalipsis moderno
es un monstruo ciego, así use armas inteligentes,
los culpables
caerán al lado de los inocentes:
Mohamed por ser árabe, Sara por ser judía,
Peter por ser americano y millones más
por estar en el lugar
o en el momento equivocado.
Entre tanto la inútil canción, seguirá su cantinela:
"al que mata a los pajaritos, le nacerá en el corazón
una bala de hierro negro, y un torbellino de dolor".
Ay, ay, la escopetica verde,
ay, ay, mi marido pintón..."