PARÁBOLA
DEL LIBRO
"Quiero escribir un libro"
dije un día,
y abrí mi corazón
para buscar recuerdos.
Los arrepentimientos
fueron los primeros
en contestar a lista
y los alejé
con un exorcismo.
Empecé luego
a descolgar nostalgias
y quimeras,
y fui desdoblándolas
poco a poco
para encontrar
el sitio exacto
donde se habían roto.
Ensarté luego las palabras
una a una, y las metí
en su estuche
de cuero rojo
para que no
se escabulleran.
"El contenido de mi corazón
no es suficiente
para escribir un libro-
me dije-. Tendré que ponerle
alas y echarlo a volar".
Y empecé entonces
mi peregrinaje por el mundo
asomándome a otros corazones,
sumergiéndome en torrentes
de lágrimas y risas ajenas,
aguzando mi oído y mi vista
para percibir
oleajes
y tempestades
en otras almas.
Y cuando terminé,
arreglé las palabras
en su estuche
y seguí mi camino.
Y ellas se quedaron allí
sumisas, agradecidas
de que las hubiera
subido a mis labios,
sin protestar nunca,
ni aún cuando
les hundí mi espada
o las repartí de boca en boca
como hostias.
Y no me enrostraron
mi ausencia,
ni lo oscuro de mi nombre,
ni lo burdo de mi estilo.
Y cuando regresé
de mi largo peregrinaje,
las encontré esperándome
fieles como el árbol,
con el mismo traje
de su bautizo,
con la sonrisa
hecha VERBO.