NUEVA YORK
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NUEVA YORK

Nueva York,
ciudad de las mil caras:
la del cielo azul resplandeciente
empañado solo por el vaho
espumoso de los jets,
y sus torres de cristal acerado
que semejan altares,
mientras millones de seres humanos
se arrastran como hormigas
allá abajo, las hojas de sus vidas
abiertas a la espalda.
Esta, la ciudad cosmopolita
donde se ama, se odia,
se reza, se llora, se canta,
se negocia, se copula
en mil lenguas diferentes.
Urbe del insomnio
donde los apocalipsis
se materializan en los dantezcos
socavones de los guetos,
mientras sus caballos desbocados
siembran el horror y la muerte.
La de las noches centelleantes
de Lincoln Center y dos ríos luminosos
colgados al cuello de Manhattan
como cascadas de cuentas de cristal
Aquí, donde aún resuenan
las voces apasionadas
de tantos apóstoles de la libertad,
revientan a la vida diariamente
enjambres de esclavos,
engendros del útero
subterráneo y trágico de la miseria,
cuyas cadenas invisibles
pesan más que el hierro.
Ciudad de luchadores infatigables
que embanderan parques y avenidas
con mensaje de amor y de paz
mientras a sus pies se libran
guerras de toda clase,
y el odio y la discriminación
campean a su antojo
cubriendo de sangre las barriadas
y decapitando sueños.
Alegre e ingenua
en las tardes luminosas
de Central Park
rebozantes de cometas
y risas infantiles,
oscura y sórdida
en las noches interminables
del invierno, cuando el frío y la nieve
acuchillan implacablemente
las carnes de lo niños
y ancianos sin hogar
que comparten el espacio
con las ratas, ratas apocalípticas
hastiadas de proyectos
y ensayos pisoteados
sobre derechos humanos,
Y tu no oyes su clamor
porque la música y el oropel
de la farándula
te ensordecen y te ciegan.
Nueva York,
ciudad de millones de almas
y de voces donde nadie
pronuncia mi nombre.
 
      

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