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LA
PARTIDA
Dejaré atrás
los bosques de concreto
contradiciendo
sus propias afirmaciones
de progreso.
Los cementerios
de soldados anónimos
donde el viento
ensaya elegías
a la muerte
y las luciérnagas
prenden
tardías condecoraciones
a los héroes.
Los bosques centenarios
de Nueva Inglaterra
donde el sol
cuelga su túnica
caleidoscópica
en otoño,
y los venados
deambulan taciturnos
con ojos enlagunados
de silencio.
Los jardincitos
citadinos,
oasis somnolientos,
donde grupos
de ancianos,
sin fuegos fatuos ya,
apacientan recuerdos.
Las mansiones
de puertas ciegas
donde el presente
se intuye apenas
gateando sigiloso
entre recámaras
desiertas.
Las calles malolientes
de los guetos,
donde se asfixian
de impotencia
las metáforas,
y los inmigrantes
recogen cada noche
sus fatigados sueños,
mientras chicos
indómitos,
que no aprendieron nunca
a tocar piano,
tiran piedras.
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