EN
"EL LIMBO" SE HABLA ESPAÑOL
Si,
en "el limbo" se habla español:
en bodegas atestadas
de papayas y mangos,
y templos suburbanos
donde los remordimientos
se cansaron de vivir de rodillas
en la rutinaria
escenografía de iconos
y de incienso.
En tertulias improvisadas
donde se barajan añoranzas
y se evocan borrosas fisonomías
decapitadas por la acerada
cuchilla de la ausencia.
En "el limbo" se habla español,
para repetir mitos y consejas
oídas tiempo atrás
en algún remoto pueblo andino
o en alucinadas aldeas caribeñas,
entre mariposas amarillas
y cumbias jadeantes
extendidas al viento.
En las calles malolientes
de los guetos,
donde chicos indómitos,
que no aprendieron nunca
a tocar piano,
tiran piedras.
En
"el limbo" se habla español,
mientras la angustia,
con su cincel de tiempo,
talla sobre los rostros inmigrantes
máscaras de misterio.
Tendríamos
que inventar
un idioma secreto,
intemporal y mágico,
que expresara las lágrimas,
la angustia y el silencio.