Estoy de
paso, hermana,
estoy de paso.
Tan frágil y fugaz
como la hierba
que tiembla en el suspiro
de la tarde,
como el polen de luna
que refulge
sobre el torso desnudo
de la arena,
como el río inasible
o la libélula,
de paso ante las ceibas
centenarias.
Estoy de paso, hermana,
estoy de paso,
cual brizna de materia
suspendida
bajo el domo infinito,
inexcrutable.