¡ABEJORRAL!
(El pueblo natal)
Tu
solo nombre
hubiera sido suficiente para odiarte,
pero te amábamos como eras:
sencillo, dulce, parroquial,
con una historia ilustre en cada casa,
no hacían falta las placas.
Tierra de semilabriegos y semiletrados,
donde la amistad se administraba
como sacramento cuotidiano.
Cada persona tenía un nombre,
los habíamos grabado
de tanto masticarlos.
No había avenidas, ni teatros,
y el circo hipnotizaba los caminos
antes de su llegada.
No había marchas por la paz
ni amenazas nucleares.
Con los muerticos del Corpus Christy
y de las elecciones
había tema para el año.
El amor se escondía en poemas
donde no era pecado,
y los besos donde nadie los viera
debajo de los labios.
Cómo envidiábamos a los muchachos
que podían sentarse en los cafés
desgranando añoranzas,
mientras las chicas nos desteñíamos
releyendo novelas
detrás de las ventanas.
Mi primer acto de rebeldía
lo cometió mi abuelo
cuando me puso un nombre
que no estaba en el cielo.
Me pregunto qué se hicieron
mis primeros amigos,
aquellos cuyos nombres
se me han ido borrando
pero habitan aún en mi castillo
poblado de fantasmas.
Allí debió quedarse mi primera piel.
La que solía ponerme los domingos
cuando iba a la iglesia
a desgranar rosarios,
y los pecados de papel
que musité algún día
en los confesionarios.
Me pregunto si los santos
guardados detrás de lo armarios
han envejecido como yo.
Si la garganta encantada
del viejo órgano se arrugó
de silencio con los años.
En dónde anidan los besos
que me enviaron un día
con el lucero del alba.
En qué corcel cabalgan
los príncipes azules
que me quedé esperando.
Refréscame la historia
del abuelo que dijo:
" Váyanlos fusilando
mientras llega la orden",
y "allá van los voluntarios,
devuélvanme los lazos".
La estampa amada de mi padre
estrenando su juventud
sobre un caballo.
Dime si el sol de los venados,
que llegó de alpargatas
con los antepasados,
ha cambiado su muía
por un Cadillac
o reemplazó su ruana
por los trajes de marca.
Si los secretos
que guardé con esmero
detrás de los espejos
rompieron su silencio
cansados de esperarme.
Si las campanas aún tañen
con su voz argentada
y la fuente del parque
tiene un lago
para anclar mis nostalgias.