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AMIGO
Amigo,
no pido mucho.
Solo tu brazo firme
para apoyarme
cuando el dolor aprieta
y el vendaval
parece desgarrarme
con sus aspas gigantescas.
Solo el plácido e íntimo
paréntesis de tu pecho
para refugiarme
cuando he perdido el camino,
y tu silencio cómplice
cuando los recuerdos
atruenan mi alma.
Otro par de ojos
para escrutar el horizonte
y descubrir la secreta
alegría de las gaviotas
en su búsqueda perenne
de playas y de mares.
Solo el hueco tibio de tu mano
para posar la mía por un instante,
mientras pasa el invierno,
amigo.
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