![]() |
EL FABRICANTE DE CAMAS |
|
|
|
|
|
|
|
|
EL Fabricante de Camas |
||
|
|
||
|
|
|
Rafael
no dijo nada, pero se pasó la mayor parte de la noche cabilando
acerca de las palabras de su hermana y haciendo trazos sobre un papel.
Y en la mañana, cuando el sol empezó a entrar de puntillas en la
humilde vivienda, lo encontró listo para salir en busca de los
materiales que utilizaría para su proyecto. "Necesito madera para hacer un carro". "¿Un carro de juguete?" "No,
un carro-cama". "¡Vaya
una idea!", se dijo para sí Don Ignacio, mientras el hombre
escogía unas cuantas tablas de pino aspirando el aroma con deleite.
No hizo más preguntas, pues Rafael era una persona de pocas palabras,
aunque hubiera sido más justo decir que hablaba con las manos y lo
que de ellas salía eran verdaderos poemas en hierro o en madera:
Caballitos, casas de muñecas, maromeros, flautas, y jaulas
prodigiosas que trinaban por sí solas cuando el viento pasaba
silbando entre sus rejas afiligranadas. Rafael
llevó la madera al templo de su carpintería y se dedicó a
trabajar febrilmente ante la mirada curiosa de sus vecinos. "¿Qué está haciendo?", le preguntó un día Rosalba. "Una cama para Marisol'. "¡Si parece un carro!" "Es
una cama-carro". Durante
varias semanas los parroquianos no hablaron de otra cosa, hasta aquel
lunes en que Rafael puso la cama terminada en su carretilla ante los
ojos alelados de sus amigos, quienes ayudaron a instalarla en la
alcoba como si se tratara de colocar la más valiosa obra de arte en
un museo. Por fuera era un carro reluciente con sus puertas y llantas
de verdad, faroles plateados y hasta un timón para dirigirla a uno u
otro lado; por dentro una camita mullida en la que la niña podía
sentarse o acostarse a su acomodo. Pero más que un carro o una cama,
era una ventana al mundo que la niña podía contemplar ahora a su
gusto desde la explanada, mientras los pescadores al pasar en sus
canoas sobre la cinta azogada del río, la saludaban diciendo: "Allá
está Marisol tejiendo sueños en su camita". Muy
pronto llovieron pedidos para otros niños del pueblo: Camas-barcos,
camas-trenes, la cama-carroza tirada por un caballito con crines de
verdad, y una cama-globo, que fue la más memorable, con su canastilla
de mimbre para el colchón y un hermoso globo de colores colgado del
techo. Esperanza había sacado la idea de una revista, y Rafael la
fabricó a sabiendas de que en ninguna casa del pueblo existía un
cuarto suficientemente grande para colocarla. Pero cuando el cura del
pueblo la vio dijo que la quería para su sobrinita, quien iba a
cumplir un año. Después
de una semana la madre de la niña llamó para decir que la cama había
sido todo un éxito entre sus amistades e insistió en que Rafael se
fuera a la ciudad, en donde los clientes de cierta mueblería estaba
deseosos de ordenar las camas Marisol. Y
llegó el momento en que tuvieron que conseguir un ayudante para
cortar y pulir piezas y una costurera para coser velas y globos. Pero
Rafael se asfixiaba trabajando entre cuatro paredes, y extrañaba las
miradas de admiración y el amor de los suyos. Por otra parte el
trabajo en serie le había quitado el encanto a sus proyectos y se
sentía mareado de pintar las mismas cosas en serie y en forma casi
mecánica, una y otra vez. Hasta
que una mañana no pudo más. Empacó las fotografías de sus camas y
sus fierros rudimentarios, y regresó a la comarca en donde va de
pueblo en pueblo haciendo camas y juguetes para los niños del lugar.
La última vez que lo vi hacía una cama-árbol, con pajaritos
tallados en las ramas y una caja de música que desgranaba trinos
desde la copa. Y si alguien pretende hacerle firmar un contrato para
la venta de las "Camas Marisol", contesta que en su tierra
los tratos se hacen de palabra, pues la palabra es oro. Para que nadie
descubra que no sabe ni leer, ni escribir.
|
|
Web Design Carlos E. Restrepo Mipoesia.com |
||
|
|
|
|
|
|
|
|