Y DE LAS VÍCTIMAS HISPANAS QUÉ
LA
CARA OCULTA DE LA INMIGRACIÓN
Por
Amparo Jaramillo-Restrepo
En las últimas semanas han corrido ríos de tinta, y se han
movilizado varios estamentos del Gobierno en defensa de una persona que
permaneció en estado casi vegetativo durante años; pero no ha habido,
fuera de las patéticas fotografías de uno de los periódicos locales,
ninguna voz que se levante airada, ni siquiera una campaña de apoyo
para las familias de trabajadores inmigrantes cuyos hijos están naciendo
con deformidades y otros problemas congénitos, causados por la cantidad
de pesticidas a los que están expuestas sus madres durante la
recolección de frutas y verduras en Estados Unidos.
Anteriormente hubo testimonios sobre niños que nacían sin
cerebro en ambos lados del Río Grande debido a la contaminación del aire
y las aguas causada por las famosas maquiladoras. Pero ni siquiera los
grupos que luchan por la protección del medio ambiente, por la defensa
de los delfines y las ballenas, se han preocupado por ese problema,
cuya injusticia clama al cielo.
Cómo duele que el desempleo o la violencia en nuestros
países latinoamericanos, pero especialmente en México y en Centro
América, empujen a nuestros hermanos a emigrar a este país, arriesgando
así su vida y la de sus hijos.
¡Cómo duele! Especialmente cuando las estadísticas señalan
a México con una de las tazas mundiales más altas de multimillonarios,
mientras sus pobres campesinos y obreros son casi desechables. ¿Qué
puede decir sobre esto el Presidente Fox desde alguna de sus mansiones?
¿Dónde deja su conciencia cuando firma tratados de libre comercio que
obligan a sus conciudadanos a abandonar sus parcelas y fabricar sus
tortillas con el maíz subsidiado en importado de los Estados Unidos?
Cómo duele escuchar historias como las niñito peruano que
logró acercarse a su Presidente ante la mirada atónita de los miembros
de la guardia presidencial. “¿Qué quieres?” preguntó el Doctor Toledo.
“Que me traiga a mi papá”, fue la simple respuesta del niño convencido
del poder del jefe de su gobierno. Y es que en Ecuador y en Perú, según
el testimonio de una de mis amigas ecuatorianas, hay aldeas con casas
muy modernas, equipadas con toda clase de electrodomésticos, pero
abandonadas por los hombres, quienes han tenido que emigrar a Los
Estados Unidos o a Europa en busca de empleo. Familias enteras huérfanas
de esposos y padres, en donde las únicas que quedan para asumir todas
las responsabilidades de levantar a los hijos y cuidar de los ancianos,
son las mujeres.
La disolución de
las familias es la trájica cara oculta de la inmigración.