PAREN EL MUNDO. ME QUIERO BAJAR

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PAREN EL MUNDO. ME QUIERO BAJAR

Carta desde Colombia, Por Amparo Jaramillo-Restrepo

  

No recuerdo cuál de los políticos mejicanos exclamó alguna vez, “!Pobre Méjico, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos!”. Pues aunque en algunas ocasiones la vecindad con ese país ha sido una bendición para Méjico, también resulta a veces una maldición cuando los fabricantes de armas estadounidenses siguen inundando el mercado mejicano, y el de toda Latinoamérica con armas de toda categoría que lo único que hacen es empeorar el crimen y la corrupción.

En fin, que parecemos haber llegado a un punto en el que se ha pasado de la diplomacia a los insultos y las amenazas, así que el sueño Bolivariano de la unión entre los países vecinos se aleja cada día más. Ya el Ecuador y Venezuela buscan alianzas con Rusia o Irán para comprar más armas, mientras nuestro amado país, Colombia, es considerado por algunos como el Israel Latinoamericano porque su ejército es el más grande de la región.

La falta de dinero tampoco parece ser un obstáculo para comprar armas. Las guerrillas las cambian por droga y los venezolanos por petróleo. 

¿Y qué pasa mientras tanto con nuestros ciudadanos?  En un programa llamado el Cazanoticias se denunció hace unos días, con videos que daban ganas de llorar el deplorable estado de las escuelas en muchos países latinoamericanos. Tenemos gente con hambre en todos nuestros países, incluyendo Venezuela que planea gastar millones de dólares para comprar armas nuevas, o en Brazil, considerado por todo el mundo uno de los países milagro, mientras millares de jóvenes están atrapados y mueren diariamente en las famosas “fabelas”.

Es posible que algunos de ustedes me llamen ingenua, pero la violencia solo genera violencia, y me sigue pareciendo una monstruosidad destinar la mayor parte de los recursos de nuestros honorable ciudadanos para armamento mientras nuestros pueblos se hunden en la miseria, faltan escuelas, viviendas y hospitales,  y nuestros jóvenes no tienen más alternativa que el vicio.

Y al fin y al cabo, ningún submarino, ni tanque supermoderno, ni avión supersónico podrá acabar nunca con las infames minas quiebrapatas o los ataques guerrilleros perpetrados con un burro, o una muñeca cargados de dinamita.  

Cuándo llegará el día en que podamos decir: ¡Adiós a las armas!

Siento ganas de decir:

PAREN EL MUNDO. ME QUIERO BAJAR.

 

             Buga, Colombia,  agosto l7 del 2009

 

   

  

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