NUESTRO EJÉRCITO VOLUNTARIO
Por
Amparo Jaramillo-Restrepo
Si
usted pertenece a la clase media o alta en este país no tienen por qué
preocuparse por las consecuencias de las frecuentes guerras para el
futuro de sus hijos. Después de todo, nuestro ejército, según repiten
una y otra vez nuestros políticos, es un ejército de “voluntarios” y
los hijos de los ricos y famosos raramente se ofrecen para ir a la
guerra, y si lo hacen van a posiciones de poco riesgo.
Pero en cambio cada día crece el número de muchachos de las minorías
cuya única alternativa es la de ofrecerse como “voluntarios” porque
no tienen suficiente dinero para acceder a la educación superior y
están cansados de los trabajos con salario mínimo y ningunos
beneficios, en un país que ha decidido exportar los empleos a países
extranjeros, dejando para nuestros jóvenes minoritarios, especialmente
los inmigrantes, las migajas de una economía en decadencia.
Cómo me duele además contemplar el espectáculo de muchachos
centroamericanos listos para unirse a la guerra como “voluntarios”, no
por mística sino porque en sus países devastados por la miseria son
muy pocas las oportunidades para ellos. Después de todo, parecen
confirmar lo que dijo uno de los jóvenes terroristas de Arabia
Saudita, “si la sociedad no nos dá una razón valedera para vivir,
buscaremos una causa para morir”.
Qué
mundo tan terrible e injusto hemos creado con todo nuestro poder,
nuestro dinero y nuestra tecnología, cuando miles de jóvenes alrededor
del mundo prefieren irse a la guerra, a pelear por causas que no les
pertenecen, bajo ejércitos extranjeros, con el fin de asegurar un
pedazo de pan, una carpa en el desierto, y unos pocos dólares.
Tal
vez algunos de ellos aspiren a legalizar su situación y aprender algún
inglés para venir a trabajar en los Estados Unidos y escapar así de
un destino miserable en sus países de origen. Lo que parecen ignorar
es que a pesar de los incentivos que el Presidente Bush les está dando
a los inmigrantes ilegales que se alistan en el ejército, algunas
familias hispanas recibieron las tarjetas de residencia de sus hijos
solamente después de que éstos murieron en la guerra.
West Palm Beach, noviembre del año 2004
Soy
una profesora retirada y escritora colombiana residente en los
Estados Unidos.