EL ACOSTUMBRAMIENTO
Por Amparo Jaramillo-Restrepo
En una interesante entrevista
con Hernán Darío Restrepo, un veterano periodista colombiano, sobre el
flagelo del secuestro en Colombia, dice que uno de los fenómenos más
dolorosos es el “acostumbramiento” a esa clase de delitos. Pero es que
somos así.
Si, somos así, y tal vez haya mérito en esa flema
colombiana que hace a la mayoría de nuestros hermanos inmunes a la
violencia, a la corrupción y a tantos otros males que padecemos. De ahí
que continuemos siendo según las encuestas uno de los pueblos más
felices del planeta, no importa que la tercera parte de la población en
una ciudad como Cartagena, se vaya a la cama sin comer.
Sin embargo, ustedes me perdonan si a mis años yo si le
pido a Dios, como en la canción, que el sufrimiento de la gente no me
sea indiferente.
Me duelen enormemente los ataques a Ingrid Betancourt
que me llegan por la radio o el e-mail, porque decidió viajar a Francia
a estar con sus hijos en lugar de quedarse en Colombia. Pocas personas
saben tal vez que Doña Yolanda Pulecio fue una de las colaboradoras más
cercanas de Luis Carlos Galán, asesinado cuando aspiraba a la
Presidencia de Colombia.
Los ataques a esa madre por haber clamado en el desierto
por la libertad de su hija, así a veces perdiera la paciencia con la
indiferencia de los gobernantes.
Los comentarios cínicos de que la situación en el
cautiverio no será tan mala, pues algunos de los y las secuestradas se
veían muy bien físicamente.
Que tal vez las últimas pruebas de supervivencia fueron
un montaje.
Que la operación “Jaque” tuvo éxito porque los
guerrilleros se vendieron y ahora se está haciendo el papelón de
extraditarlos.
Que las amenazas a Luis Heladio Pérez son una farsa.
Me duelen los chismes, alimentados por los medios de
comunicación y el afán de juzgar hasta el infinito cada detalle, hasta
el más íntimo de su vida en cautiverio.
Admiro profundamente el valor de esos seres humanos
extraordinarios, todos, desde Ingrid hasta el último policía rescatado,
cuyos cuerpos y espíritus fueron capaces de sobreponerse a los rigores
de la selva y la sevicia de sus captores.
Me duele el cinismo con que tratamos a los desplazados e
indigentes, concluyendo que piden limosna porque quieren y ese es un
gran negocio.
Me duele la discriminación en varias partes del planeta,
como en Florida, donde algunos hispanos se niegan a votar por un
candidato negro.
Me duelen por supuesto, volviendo a Colombia, las madres
de los soldados y policías colombianos envueltos en diferentes guerras;
me parte el alma la situación de los muchachos y muchachas, sobre todo
ellas, que son esclavas de las FARC, porque tal vez creyeron en su
momento que ese era el único camino para ganarse el pan.
Por consiguiente, no me acostumbro y digo como en la
canción, solo le pido a Dios que la injusticia no me sea indiferente.
Buga, l6 de julio del 2008