ENTRE LA RECOMPENSA Y EL SOBORNO

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ENTRE LA RECOMPENSA Y EL SOBORNO

Por Amparo Jaramillo-Restrepo
(Un comentario amargo sobre temas de actualidad).

      La recompensa y el soborno son estrategias tan viejas como el mundo. Lo malo es que las estamos exagerando y distorsionando.
       Exagerándolas y distorsionándolas hasta el punto de acostumbrar a los ciudadanos a recibir y cobrar recompensas por cumplir con su deber de denunciar ilícitos, y ofrecer miles de millones de pesos por los secuestradores y victimarios de una persona y cincuenta millones el mismo día por otra víctima igualmente inocente. Quién dijo que la recompensa o el castigo dependen de la importancia de la persona?
       Confundiéndolas, cuando se incita a los miembros de un ejército a fabricar pruebas para mostrar “positivos”, sin importar las víctimas, como en el caso de los falsos atentados guerrilleros en varios sitios de Colombia; o tantos otros, aquí y acullá, como introducir drogas en un equipaje para ganar puntos, así se hundan humildes inmigrantes.
      Los nuevos planes educativos están plagados de esas recompensas, casi sin sentido llamadas logros, o créditos, como hacen algunas escuelas estadounidenses para quien lleve una botella de agua a gimnasia, y en otras latitudes para quien hable bien o vaya bien vestido/a, o asista o no a una conferencia, o a determinada actividad.
           

     Lo malo es que hemos borrado casi por completo la distinción entre la recompensa y el soborno; y que hemos extendido esas prácticas a todos los sectores de la sociedad.
    
 Pero lo más grave además es que las recompensas y el soborno se utilizan en todas latitudes, hasta comprometer gigantes como la multinacional Simmens, acusada de conseguir contratos multimillonarios en Latinoamérica, con base en esa práctica criminal.

NOTA: Esta nota fue escrita hace un año, a propósito de un caso insólito que sucedió en Colombia, cuando el Señor Presidente Uribe le concedió la suma de $2.500.00 millones de pesos, a un guerrillero, por cortarle la mano a uno de sus jefes, suma insólita casi irresponsable en un país con tantos problemas como el nuestro, Tenía la esperanza de que esta semana, a raíz de un atentado terrorista en Bogotá, el nuevo gobierno cambiara esa política, que se presta para más corrupción, invitando sencillamente a la ciudadanía a denunciar los actos criminales.

Pero tristemente me equivoqué.
Buga, Colombia, agosto del 2010

   

  

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